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sábado, 9 de febrero de 2013

Civil War (Una Novela del universo Marvel)





                                                                                                                                                             


Civil War
Stuart Moore
Edición  2012
Editorial Panini España S.A.

Sinopsis/comentario: Iron Man y El Capitan America; las dos piedras angulares de los Vengadores, el mayor equipo de Superhéroes del mundo.
Codo con codo han librado batallas, frustrado letales amenazas contra todo el planeta y han llegado a ser buenos amigos.
Pero eso es cosa del pasado...


Durante el rodaje de un reality show protagonizado por Los Nuevos Guerreros se produce un enfrentamiento entre un grupo de villanos experimentados y esto noveles héroes, la inexperiencia y el imputo de estos últimos traerá funestas consecuencias cuando nitro (uno de los villanos) no sea neutralizado y conteste a la agresión de manera sobredimensionada haciéndose detonar con su propio poder eliminando a sus camaradas y rivales y una gran parte de la población de Stamford, la muerte de cientos de personas será el detonante para que se inicie el mecanismos de registro de todos los metahumanos.
Esta tragedia es la gota que colma el vaso de la opinión pública y el último incentivo para el gobierno de los Estados Unidos, que propone y aprueba una ley de registro que obliga a los enmascarados a “revelar” su identidad y trabajar para el gobierno.
Tony Stark, alias Iron Man, queda bastante convencido de la necesidad de esta medida y, junto a otras figuras importantes como Reed Richards (Mr. Fantástico) o Hank Pym (Hombre Gigante, Hombre Hormiga, Goliat...), es la cabeza visible de los que se muestran a favor, así como el encargado de la aplicación de la ley.


Como era de esperar, la noticia no es recibida con igual entusiasmo por parte de algunos héroes que ven amenazados tanto su estilo de vida y actuación como su propia familia. Pero hay quien va aún más allá.
Es el caso de Steve Rogers (El Capitán América), quien considera la ley como un ataque a los mismísimos valores que siempre ha protegido. Será él la cabeza visible y líder de la resistencia, un grupo de héroes que se niega a aceptar las imposiciones gubernamentales y decide seguir actuando en secreto.


Las chispas no tardan en saltar y pronto lo que podría haber sido una discrepancia de opiniones se convierte en una auténtica guerra civil que enfrenta a cientos de héroes antaño compañeros (incluso esposos) y llega a provocar alguna que otra lamentable baja. Manipulación, cambios de bando, pero sobre todo muchísima acción son algunos de los elementos que añaden más tensión y más profundidad a una historia que si algo logró fue dividir hasta a la opinión pública. Y es que lo interesante de esta guerra de ideales no era ver en acción tanto superhéroe porque sí, sino que uno puede sentirse identificado o vinculado con cualquiera de las dos posturas, ya que en cierto modo ambas tienen razón y ambas se equivocan.



Con respecto al libro en sí, se trata de un material muy fácil de leer, resultando sencillo pero a la vez adictivo (tanto si ya has leído el cómic como si no). Una de sus ventajas con respecto a la historia original es que, al no estar limitado el espacio, algunos conceptos se pueden desarrollar con mayor profundidad. Esto permite al escritor ahondar más en los pensamientos y sentimientos de, sobre todo, los personajes principales, destacando incluso por encima de los líderes de las facciones el malogrado Spiderman. 



El propio hombre-araña es también víctima de lo que podríamos considerar el “mayor defecto” del libro (¡Ojo! Solamente lo parece si previamente habías leído el cómic), a saber, las numerosas y notables diferencias respecto a su predecesora gráfica.

El caso de Spidey me parece especialmente doloroso, pero también de alguna forma comprensible. Cuando se escribió el cómic la cabecera principal del arácnido estaba en manos de J.M. Straczynski (no puedo dejar pasar la oportunidad de mencionar que, para mí, es una de las mejores etapas del personaje) y para cuando la novela se escribió ya había acontecido el tristemente famoso comic de un dia mas, que cambió la continuidad y alteró sustancialmente el statu quo del personaje, por lo que podríamos decir que se trata de algo así como “Si la Civil War para Spiderman hubiera tenido lugar en la actual continuidad.”


Otros cambios de ese tipo son los referentes a personajes como: La avispa, no mencionada en la novela; Nick Furia, que aquí se considera muerto pero que en el cómic era quien proporcionaba nuevas identidades a la resistencia; Hank Pym, con algo menos de peso y presencia; Cable y Bishop, de los pocos mutantes que originariamente sí se posicionaban y que en esta versión se ignoran; y especialmente Hulkling, que resultaba clave en el asalto a la torre Baxter y ya no, cambiando por completo tanto esa escena como la “huida” del lugar.

Hay también otros cambios (de cara a la batalla final) que parecen deliberados para dar más protagonismo a determinado personaje, pero en este caso el resultado me parece incluso más apropiado y épico que el “original”. También me parecen un acierto los epílogos, que proporcionan una perspectiva de cómo va a quedar todo tras el evento, e incluso que se haya obviado determinada consecuencia para el centinela de la libertad, ya que podría despertar un sentimiento de afinidad por una postura concreta y lo bueno es que cada cual se quede con la suya.

Un producto muy recomendable que aporta un primer acercamiento al universo Marvel para neófitos y un punto de vista diferente para los conocedores del que considero el mejor crossover “reciente” de la Casa de las Ideas.
By Tallman

domingo, 8 de mayo de 2011

The Crow




The Crow
J.O’ Barr
Editorial Glenat S.L.
Edicion 1995

Un día perderás todo lo que tienes. Nada te preparara para ese día, ni la fe, ni la religión… nada.
Cuando muera alguien a quien amas conocerás el vació… sabrás lo que es estar completamente solo, nunca olvidaras y nunca perdonaras, los solitarios no suelen hablar de una manera tan intima y tan exhaustiva como lo hace James O´Barr en este libro.
Así que, por lo menos aprende del cuervo esta lección: Piensa en lo que puedes perder.
Si eres alguien que no tiene mucho que perder, es que ya has sufrido lo tuyo, y tu lección es mucho más difícil.



Con estas palabras introductorias de John Bergin, amigo de James,  nos introduce en lo que para mi es una obra que plasma el dolor y la angustia de un hombre que creo un personaje tan singular, por que murió por dentro pero vio que aun respiraba, el cuervo procede de un solitario vació mas allá del dolor, de las desgracias y las palabras,  de los rabiosos trazados de la angustia y la desesperación,  de los entintados oscuros y lugrubes,  de cada viñeta creada perdiendo en cada pincelada parte del alma del creador,  que con ríos de tinta,  intenta expresar la desesperación  y la angustia de la perdida de su existencia.


De la carcajada de la oscura parca que le arranco  de su lado todo aquello en lo que creía, y que para superar toda la rabia y toda la ira que le produjo, escribió una carta de amor llamada el cuervo.
La carta de amor mas hermosa que jamás haya leído, un sueño, una visión y un lugar real en el que recuperar algo que se ha perdido.
Como dijo A.A.Attanasio: “La mano no es diferente de lo que crea”.


No hay introducción más adecuada para el cuervo que este libro, es la ceremonia de James… un mensaje para ti y para mí.
Escúchalo atentamente…


Gran artista del comic, solo quienes saben de pérdidas podrían a lo sumo comprender las páginas desgarradoras que ilustran su novela gráfica. Con un profundo respeto, he aquí unas palabras en honor a este Poeta Maldito....


James O'barr nace en Detroit, Michigan. Huérfano desde temprana edad, criado por el foster care system de esta cuidad, se hace así mismo un artista estudiando escultura renacentista, modelo vivo y fotográfico. Se une a los Marines después de que su prometida Bethany es asesinada por un conductor ebrio. Es entonces cuando surge el Eric Draven, El cuervo. El único remedio para aliviar el dolor, vertiendo lágrimas de tinta china, furiosas y desgarradoras viñetas plagadas de violencia a todos los niveles (sexo. drogas, Corrupción) es entonces 1981, y James ni siquiera imagina una versión cinematográfica, esta mas ocupado en su depresión y en un circulo auto destructivo del que el mismo habla en su Web oficial. Dibujos a la aguada, que representan recuerdos, hace gala poética con su claro oscuro y alto contraste que le dan un escalofriante sacudida al lector, dibujos a pagina completa con citas de poetas clásicos, pensamientos de el mismo.


Eric Draven, en ingles anagrama de Eric el cuervo, en palabras de su creador no es un héroe, es un poeta enamorado, un roquero vengador, asesino, empecinado en vengar a quienes asesinaran a su novia y a el por un anillo de bodas de 20 dólares.


Traído del mas allá por un cuervo, con ese único fin; El Cuervo es un cuento gótico de magnitudes épicas, un lamento que se ve aplacado a veces por la ternura y la tristeza cósmica del protagonista.


Si bien es cierto que para algunos hay problemas de proporción en los personajes, no es nada que pase inadvertido al ojo atrapado por el movimiento y la vida de cada secuencia, en fin una gran obra de arte que traspasa los limites del comic para convertirse en un icono literario de trágica belleza con aire renovado que reactualiza el celebre relato del cuervo de Poe.
Una novela grafica  imprescindible para atesorar y releer en esos días grises y lluviosos de melancólica tristeza.


Mi  pequeña aportacion A la Memoria de Brando Lee
By Tallman

sábado, 23 de abril de 2011

La Muerte de Superman


Caminaba por la calle  cuando lo vi, reluciente, en un quiosco de revistas anónimo, de los muchos que se reproducen en la ciudad. Cuando compré La muerte de Superman (1992), no era consciente de que estaba adquiriendo un clásico, un emblema. Yo sólo era un aficionado más que disfrutaba los tebeos. No tenía idea de que, en mis manos, tenía una de las historias más trascendentales del universo DC. Tanto, que aún en día —a casi 20 años de su publicación original— persisten sus secuelas.




Reseñar un clásico no es tarea fácil. Casi todo se ha dicho ya. La trama es bastante simple: Doomsday, una amenaza sin precedentes, destruye a toda la Liga de la Justicia en un santiamén. Sólo Superman, el defensor de la Tierra, puede plantarle cara. Su primer contacto se queda grabado en la retina. El héroe saca el pecho para recibir un golpe monstruoso. Orgulloso, como si nada, Superman aguanta el primer encontronazo. Una viñeta después, el Hombre de Acero sale despedido por los aires por una patada que Doomsday le propina en el abdomen. “He enfrentado tornados menos fuertes”, menciona el héroe, atónito ante lo que le espera.

 


A lo largo de las páginas, el cómic se convierte en la lucha de Superman contra una fuerza sin razón ni motivos. Doomsday es la destrucción pura, irreflexiva. En cierto modo, el monstruo representa ese temor inherente del ser humano ante la devastación sin sentido, imprevista y catastrófica. Doomsday es terremoto, tornado, huracán, tifón. Entonces Superman muestra su lado más humano: el temor. Su contrincante emprende una carrera imparable hacia Metrópolis, epicentro de la vida sentimental de nuestro paladín de azul y rojo. Sí, Superman vela por todos los inocentes, pero los lazos con su ciudad lo hacen presa de un miedo profundo.




Pero el miedo se convierte en arrojo, en valentía, en la última responsabilidad. Como nunca, Superman termina golpeado, moreteado y cortado, con la única respuesta de la risa incomprensible y sádica de Doomsday. ¿Cómo ha llegado hasta aquí y cuál es su propósito?, se pregunta el héroe. No cabe explicación —o no, por lo menos, hasta un par de años después que DC se digne a darle un origen a su villano—. No hay que comprender, sólo reaccionar.


Superman contra Doomsday no es un cómic del bien contra el mal. Es la alegoría del hombre contra sus circunstancias, del mundo contra lo ilógico. Es la voluntad contra la adversidad en su peor faceta. Y ahí, en Metrópolis, entre golpes que cimbran los edificios, ambos caen. No más final feliz. La capa del héroe, desgarrada, como último adiós. Ya vendrán después las lágrimas y las ataduras de cabos. Ya llegará la desbandada de muertes y resurrecciones, de orígenes inventados, de retrocontinuidad retorcida. Ese día cayó el héroe más grande del planeta — aunque sea por unos meses, aunque haya vuelto después de la última frontera. La muerte de Superman lo cambió todo.

 
                       

 La muerte de Superman es al mundo del cómic lo que El origen de las especies es para la biología. Más que un tebeo, es un tratado que sentó las bases del universo DC actual. Y como todo clásico, es para tomarse de nuevo, releerlo y notar que esas sensaciones se mantienen (quizá hoy más que nunca) vivas en sus ilustraciones. Porque no hay mejor homenaje que pueda dársele el héroe caído que revivir su mito.

           

En ese momento, no sabía lo que había atestiguado. Sin embargo, casi dos décadas después, ese ejemplar aún se mantiene en mi librería junto a la novela “Muerte y vida de Superman” de Roger Stern  fiel adaptación de los comics.




By Tallman.



sábado, 15 de enero de 2011

Homenaje a Jose Ortiz y su Jehediah Pan


Nombre: José Ortiz Moya
Nacido: 1 de Septiembre de 1932 en Cartagena (España)
Campo: Cómic y magazín europeo & comic-book
Obras maestras: Grandes Mitos Del Oeste / Las Mil Caras De Jack El Destripador / Hombre / Historias de terror para Vampirella, Creepy y Eerie.

José Ortiz Moya es un dibujante español nacido en Cartagena (Murcia) en 1932.
Comienza a dibujar con 16 años trabajando como ayudante del maestro, autor de "El Guerrero del Antifaz", Manuel Gago. En 1951 se traslada a Valencia, donde compartirá estudio junto a otros profesionales del tebeo, como Luís Bermejo o Miguel Quesada. Es por este motivo por el que su nombre quedará ligado a la denominada Escuela Valenciana.
A finales de los años 50, comienza su colaboración con Toray y la poderosa Bruguera, para la primera Sigur el Vikingo e historias de pistoleros con destino a la colección Hazañas del Oeste, para la segunda más relatos de oeste con destino a la colección de novela Bisonte Extra Ilustrada y algunas adaptaciones de novelas para la Colección Historias como Los Viajes de Gúlliver o Las Cruzadas.
A partir de 1960, su trabajo se dirige, también, más allá de nuestras fronteras: Italia, Inglaterra y Estados Unidos. A principios de los setenta realiza con Josep Toutain la serie Los Mitos del Oeste que fue distribuida en los Estados Unidos.
El éxito que obtuvo en aquel país trajo como consecuencia su contratación por la editorial Warren para dibujar cómics de terror, fantasía y ciencia ficción, recibiendo el premio Warren al mejor historietista en 1975.

Tras doce años de trabajo para los Estados Unidos decide centrarse en el mercado nacional realizando una obra más personal. En la década de los 80, con el efímero boom de las revistas de cómics y el tebeo de autor, Norma y Toutain, le proponen realizar su producción directamente para el mercado español. Así aparecen las series más conocidas y seguidas como Hombre, Burton y Cyb, Morgan, Jack el Destripador.
Desgraciadamente las revistas y editoriales españoles, durante la segunda mitad de los años ochenta del pasado siglo, fueron en declive hasta quedar en una situación excesivamente precaria. Ortiz opta, en ese momento, por orientar, en exclusiva, su trabajo hacia el mercado exterior, el italiano, un camino que nunca había dejado de lado pero que, en esta ocasión, surca con mayor fuerza cuando, el editor, Sergio Bonelli le requiere para dibujar un especial del famoso vaquero Tex, serie reservada solo a autores de reconocido prestigio y calidad gráfica.
Tal es el acabado final que, Bonelli, le encarga continuar con más historias de Tex así como otras aventuras de las series Ken Parker.En este homenaje les dejo muestras de la historia de Jehediah Pan, con la que José Ortiz en los lápices y el guión de Bill Dubai, me impactaron, la trama gira en el viejo Oeste sobre venganzas y redención incorporando en la historia pistoleros y demonios que estos últimos están bajo el control de Jehediah y sus brazaletes mágicos, en fin aquellos que estén interesados tendrán que realizar una búsqueda exhaustiva en la colección Vampus  encontrando en el numero 55 el inicio de esta historia y para completarla seguir con los números 58 y 60.
Altamente recomendable.

By Tallman

miércoles, 29 de diciembre de 2010

tributo a Shang Chi maestro del kung fu




Nuestra cultura pop vive de modas y a veces logra trascender las modas. Es el caso de este título, donde se mezclan con acierto inigualable el culto a las artes marciales que invadió las pantallas grandes (y las pequeñas, con la serie Kung Fu) con la filosofía zen, las historias de espías cinematográficos y, last but not least, el tebeo de superhéroes. Fue, desde el principio, un tebeo notable que en seguida alcanzó categoría de obra maestra. Quizá no sea exagerado decir que nos encontramos ante el mejor comic-book de la década de los setenta.



El kung fu venía asomando en el cine desde hacía tiempo. Actores como Steve McQueen o James Coburn practicaban artes marciales y su instructor era un joven chino-norteamericano que había aparecido fugazmente en un par de episodios de la serie Longstreet y había logrado interpretar a Kato en la versión televisiva-respuesta a Batman que fue The Green Hornet. El mundo del cine de Hong Kong esperaba a Bruce Lee, y una serie de televisión, apropiadamente llamada Kung Fu, que finalmente cayó en manos de David Carradine, pues los productores no se atrevieron a entregar el papel estelar a un oriental y confiaron en los maquillajes y el mestizaje para su protagonista. Bruce Lee hizo pequeña historia del cine de acción de bajo presupuesto, pero su impronta sacudió las pantallas de todo el mundo, y su muerte temprana y misteriosa dejó abiertas de par en par las puertas de la leyenda.


  un tebeo de artes marciales tenía su dificultad, en tanto que los movimientos, las poses, las katas, la coreografía en suma tenían que parecer más plausibles y reales que los brincos, piruetas y puñetazos sensorround de los enmascarados de uniforme. Quizá por eso, ya desde el principio, en las historias dibujadas por Jim Starlin y Al Milgrom, se optó por jugar al montaje analítico que tanto recordaba al montaje cinematográfico.

Antihéroe heroico, hijo de un supervillano que desea conquistar el mundo aunque tenga mala suerte, tal vez incluso precursor de Luke Skywalker, el joven Shang Chi ha sido educado para ser el arma perfecta, el brazo desarmado pero letal de su padre. Sin embargo, Fu Manchú ha dejado escapar un factor importante: en su educación, Shang Chi, engañado y algo ingenuo siempre, ha adquirido conciencia, y su primera misión, la de asesinar al doctor Petrie, viejo, moribundo ya, inofensivo, le hace compreder que su padre no es precisamente un filántropo, sino el mal encarnado.

Los primeros números de la serie, creada por Steve Englehart, nos muestran a un Shang-Chi hippie, vestido con un llamativo kimono rojo con el símbolo del ying y el yang en la espalda, descalzo, una cinta peculiar en la cabeza, que lo mismo recorre las calles de Nueva York que los pantanos de Florida (donde encuentra no sólo al Hombre Cosa, sino a David Carradine, anuncio de futuros cameos cinematográficos por venir), hasta que el joven dibujante Paul Gulacy, y el grandísimo guionista Doug Moench se sueltan el pelo y crean la que quizá sea la obra de sus vidas.
   


Ambos son conscientes de que, en cierto modo, están "dibujando una película", y el acercamiento al pulp y a Fu Manchu les hace recuperar no sólo a los personajes clásicos de las novelas de Rohmer, sino ampliarlas con el cine de espías (el éxito de la película de Bruce Lee Operación Dragón tal vez tuviera algo que ver). Unos cuantos números de toma de contacto, donde Gulacy inicia experimentos de montaje y marca muy claramente cuál va a ser la estética de la serie lanzan en seguida al personaje a un mundo de espías hipertecnificados, malos más grandes que la vida, robots, femme fatales, dacoits, sifans, samuráis y panteras, supervillanos letales que no necesitaban volar y muchísimo juego intertextual. A los personajes ya conocidos (Fu Manchú, Sir Denis Nayland-Smith, Black Jack Tarr, un resucitado Doctor Petrie cuya presencia los lectores españoles no comprendimos hasta mucho después, pues la publicación de la serie en España, en blanco y negro made-in-Vértice, con colores corridos y páginas mal impresas, fue un verdadero caos) se unen pronto Fah Lo Suee, la hija de Fu Manchu (y hermanastra de Chi), el agente secreto Clive Reston y la bella espía Leiko Wu. Llevando al límite los juegos de luces y sombras, los montajes analíticos, la bella coreografía de las peleas, y superando con creces las influencias de su maestro Jim Steranko, Paul Gulacy no se corta un pelo y juega con los rostros de actores y actrices para que interpreten a sus personajes. Así, obviamente Bruce Lee acaba siendo Shang Chi, Clive Reston (cuyo juego textual es que es hijo de James Bond y sobrino-nieto de Sherlock Holmes) será un cruce entre Michael Caine y Sean Connery, Fah Lo Suee será "interpretada" por Sophia Loren, y Fu Manchu recordará a Cristopher Lee. Actores como Marlon Brando, David Niven, Faye Dunaway o Marlene Dietrich "posarán" para otros personajes, una característica de la serie que perdurará más adelante, en los tiempos de Mike Zeck y el malogrado Gene Day, donde aparecerán Humphrey Bogart (interpretando a Rick Blaine), Groucho Marx o W.C. Fields.

La sinergia que se produce en el estilo de trabajo marveliano, donde el dibujante "tira" del guionista, produce momentos inolvidables. Pero los experimentos de montaje y narración de Gulacy no son baldíos: Doug Moench está siempre presente para ir entregando capítulos trepidantes, verdaderas películas de acción con tramas, giros, vericuetos, sorpresas y gadgets, bases secretas, fieras, soliloquios impactantes y arcos argumentales que se adelantaron muchos años no sólo al concepto "mini-serie", sino que preludian al mismísimo Watchmen: la saga de despedida de Gulacy del título hace que cada capítulo/comic-book se centre en uno de los personajes protagonistas, dándose la circunstancia de que el plan de Fu Manchu para dominar al mundo es, en el fondo, muy parecido al de Ozymandias.

                                                    

Momentos como el inicio del capítulo del Gato, el montaje de la cantante en las bambalinas del cabaret, la lucha en el malecón inmóvil donde se repiten las figuras de los contendientes, la botella girando o el grifo goteando demuestran hasta qué punto se podía contar y se podía contar de manera sobresaliente un tebeo como no hubo otro tebeo, ni volverá a haberlo. Puro tebeo de autor, puro arte y ensayo, pura diversión narrativa.



Para colmo, Doug Moench tuvo el valor de continuar la serie cuando Gulacy dejó el título, y puede decirse que incluso cuando le tocaron dibujantes de segunda fila cumplió con creces: suyo es el largo homenaje a Terry y los piratas. La llegada de Mike Zeck al título volvió a reverdecer su fama, a pesar de que el listón de Gulacy estaba altísimo, pero Zeck fue lo suficientemente inteligente para no imitar a su predecesor y ofrecer una visión distinta pero igual de sobresaliente.




 
                                   
By tallman